MÁS ALLÁ DEL NEOLIBERALISMO
EL NEOLIBERALISMO COMO IDEOLOGÍA
El más sutil que puede arbitrar una ideología para imponerse y proclamar la muerte de las ideologías y mostrarse bajo otro semblante, por ejemplo, la ciencia. Es lo que sucedió por casi un siglo entre nosotros con el positivismo. La ciencia positiva hace las veces de la política, la filosofía y la teología, y siempre como evidencia apodíctica y sagrada. Y así, disentir razonablemente de una hipótesis científica, pasa ser un sacrilegio y una rebelión; y el que se atreve a tanto no merece el honor de una respuesta científica sino la marginación condescendiente o brutal: ha perdido la contemporaneidad (no es coetáneo, precisaría Zubiri) y no tiene sentido dirigirle la palabra; vive en otra geología, es un dinosaurio y uno no anda discutiendo con piezas de museos.
Eso pasa hoy con el neoliberalismo. Es un modo de practicar la economía política que está alcanzando vigencia planetaria. Pero el que esta practica haya logrado imponerse no significa la convalidación de sus postulados; sólo atestigua la contundencia de sus medios (tanto políticos como económicos).
EL NEOLIBERALISMO COMO ECONOMÍA POLÍTICA
El medio principal es la permeabilidad de los mercados nacionales a los agentes económicos mundializados a fin de que éstos (las empresas trasnacionales o nacionales asociadas a aquellas como socios menores y dependientes) constituyan un mercado mundial dinamizado por la competencia. El medio indispensable para crear y preservar este marco es el concurso de los Estados, que se comprometen a no dar espacio a otro tipo de prácticas y a cargar con los costos económicos que acarrea una reforma estructural tan violenta. Las tareas asignadas al Estado serían por un medio contener la inflación, costear la reconversión y paliar la pobreza crítica, y por otro mantener este orden social, reprimiendo la situación de violencia permanente que genera este modelo y desarmando a fuerzas sociales organizadas, señaladamente los sindicatos, que podrían obstaculizar esta política. Es patente que, con el concurso de los Estados, las trasnacionales están conformado ya este mercado mundial.
EL NEOLIBERALISMO COMO TEORÍA SOCIAL
El postulado principal del neoliberalismo es que la competencia pone a funcionar hasta el tope las energías latentes en los individuos que conforman el todo social, y así la extrema movilidad que se genera, tras una etapa dolorosa de ajustes, provoca una sociedad de bienestar. Para que este postulado se realice, el Estado no puede sobreproteger al pueblo: el populismo o la planificación central mantienen al pueblo en perpetua minoridad; al atrofiarle la iniciativa y la responsabilidad lo mantienen no sólo improductivo para la sociedad sino débil y carente de valor a sus propios ojos. Igual que la nación tiene que salir al mercado nacional pagando los servicios y el consumo de su valor real y sometiéndose todos al mercado del trabajo. Tampoco el Estado puede sobreprotegerse a sí mismo y entrar en el mercado como si fuera una corporación privada. El Estado es público; su función sería, como dijimos, crear las condiciones para que funcione el mercado y velar porque no se alteren. Su finalidad es velar por el bien común, no realizarlo. Ese bien lo realizan los ciudadano a través de las organizaciones económicas en la concurrencia del mercado.
EL NEOLIBERALISMO COMO PROPUESTA ANTROPOLÓGICA
Detrás del objetivo de la sociedad de bienestar hay una propuesta antropológica que está siendo internalizada en los ambientes ganados por el neoliberalismo. En términos éticos sonaría así: lo moralmente bueno, lo debe procurarse como bien para sí mismo y para la sociedad es producir (aumentar la productividad, cualificarse, rendir al máximo de las posibilidades), consumir (comprar las marcas más prestigiosas, exigir la calidad, acceder según las preferencias a lo que se propone como deseable) y exigir los propios derechos. Lo demás debe dejarse a los que gerencian la sociedad (el Estado, los MCS...). Es completamente disfuncional para la sociedad y desestabiliza y frustra a la persona el que se preocupe del todo social, de la suerte de los pobres... En todo caso, si a alguien le inquieta esto, que se deje de elucubrar o pretender; que deje, pues, lo que se llamaba política, y que se meta por ejemplo, a cualquier asociación benéfica, privada, por supuesto: se sentirá bien, empleará su tiempo libre y no causará problemas a su relación con el todo social ni a la sociedad como todo. En este esquema nada convoca personalmente a los ciudadanos. Estos no son llamados como cuerpo social a nada que los trascienda. En rigor la sociedad no existe sino como campo posibilitante de la realización personal privada, que dependen absolutamente de las preferencias de cada quien. La idea de la humanidad como cuerpo social: que se propone fines carece completamente de sentido. De ahí el refugio en la familia como pequeña tribu o el resurgimiento de lo étnico, la tribu grande, como restos de sentido y lugares de reunión. Pero este cultivo de las raíces, sin proyección trascendente amenaza convertirse en egoismo colectivo.
LA CORRECCIÓN SOCIALDEMOCRATA
Parece que debe darse por sentado que la mundialización del mercado no ha implicado la universalización del mercado en el seno de cada país. En USA, por ejemplo ha aumentado de un modo contundente, el número de los marginados de la producción y el consumo. En América Latina los ejemplos de Brasil y Chile lo ilustra: Brasil es un caso extremo de un sector modernizado con patrones de producción y consumo sofistificados, y millones de hambrientos sin trabajo en incesante aumento. Hace unos días titulaba un diario de Santiago: En Chile sobran cinco millones. En efecto el plan puesto en marcha por Pinochet da para que un millón viva muy bien y seis millones, más o menos; pero el resto está fuera del plan, dejado a su suerte: no hay lugar para ellos.
En vista de este efecto improcedente y hasta ahora inevitable, varios países han propuesto una complementación: Dejando casi intacto el esquema neoliberal, el Estado crea una red de seguridad social. El "casi" se debe a los impuestos que tiene que recabar el Estado para sostener el costosísimo sistema de jubilaciones y atención médica. El argumento que lo justifica se refiere a la paz social y a la estabilidad que proporciona. Pero el correctivo social-demócrata deja intacto la propuesta antropológica neoliberal.
LO QUE ENCUBRE EL NEOLIBERALISMO
Tildábamos de ideológico al neoliberalismo porque encubre lo que es: economía política. Proclamar el fin de la política es su modo de hacer política. Con esta consigna han conseguido convencer a los políticos y tomar los Estados, y con ella someten al pueblo al convencerle del carácter inexorable, por científico, de sus propuestas. El neoliberalismo ha sido tremendamente exitoso como proyecto político. Y la consecuencia de tomar el Estado no ha sido disminuirlo. Por el contrario, lo han empleado a fondo para cambiar las estructuras, resistiendo tremendas presiones. Y en el aspecto económico lo han disminuido; han retirado los recursos de la subvención de servicios para canalizarlos al capital financiero, a la reconversión industrial y al mantenimiento del sistema, contradiciendo de plano lo proclamado doctrinariamente. Tampoco se ha abandonado el proteccionismo: la compra de importantes empresas o aún más de grupos enteros por parte de una trasnacional extranjera es en los países centrales una decisión política, en el sentido estricto de qué está en manos del Estado, en tanto para nuestros se predica la apertura irrestricta, la completa trasnacionalización.
DOS PROPUESTAS CONTRARIAS INSUFICIENTES
Un sistema de medios como el neoliberalismo en cuanto economía política y un sistema de fines como es el liberalismo en cuanto doctrina (explícita e implícita) sobre el ser humano y la sociedad, deben fundarse en la realidad para que su realización no tenga efectos deletéreos. Se hace justicia a la realidad cuando se toman en cuenta todos los elementos que entran en juego y cuando se los jerarquiza certeramente. No se hace justicia a la realidad cuando se dice que ya no existe política y que se ha reducido al Estado a árbitro del juego que juegan los actores sociales. No se hace justicia a la realidad cuando se considera al ser humano meramente como un individuo, ni cuando se considera a la sociedad solamente como un campo para competir buscando prevalecer, ni cuando se afirma que el bien del conjunto deriva de que cada quien busque sus fines propios dentro de las reglas establecidas. No se hace justicia a la realidad cuando se pretende que el problema de los pobres de cada país y el del Tercer Mundo no sean problemas en sí sino que se resolverán indirectamente cuando el neoliberalismo haya penetrado por completo en cada sociedad y en todos los países.
Tampoco se hace justicia a la realidad considerando al ser humano sólo un elemento de un conjunto ni a la sociedad como un cuerpo deliberante dirigido por expertos, ni cuando se proclama la solidaridad con prescindencia de la iniciativa privada y el interés legítimo, ni cuando se enfoca todo a la producción de bienes y servicios sin tomar en cuenta los costos ni la productividad, ni cuando se busca una distribución equitativa sin poner énfasis en producir más y mejor. El neoliberalismo critica con razón estas desviaciones del socialismo real que lo han precipitado en la ruina, pero está ciego para comprender que el éxito de su vigencia no ha significado el triunfo de la humanidad que hay en el ser humano ni el triunfo de todos los seres humanos, sino el triunfo de los mejores situados y más dotados en orden a los medios y fines que proclama.
¿QUÉ ES LO PRIMERO Y QUE VIENE DESPUÉS?
Este déficit gravísimo de la dimensión solidaria (dimensión que constituye al ser humano en persona) proviene de la mutilación que supone restringirse a producir y consumir. Este ser está primariamente referido a cosas (bienes y servicios); las relaciones personales (bien sean en el nivel del cara a cara, bien en el nivel de la contribución al cuerpo social), tratan de preservarse en el ámbito privado, pero casi inevitablemente pasan a segundo plano.
Y aquí viene la injusticia a la realidad: lo que está al servicio del ser humano (producir y consumir) se persigue de un modo absoluto, en tanto que la finalidad que da sentido a la producción y el consumo se dejan a la libre subjetividad de cada quien y no entra en los objetivos de la sociedad. De este modo la brecha creciente entre ricos y pobres (que denuncia el Papa insistentemente), la situación desesperada de una tercera parte de la humanidad, los gritos y clamores de nuestro pueblo pasan a ser el costo social del sistema. Dicen que se sienten, pero son relativos y laterales, en tanto el sistema es lo perseguido directamente, lo absoluto.
¿SERÁ POSIBLE ASUMIR SUPERANDO?
Por eso nosotros sostenemos que el esquema neoliberal no resuelve el hambre de los pobres de la Tierra ni de nuestro país y que además deshumaniza a los que se entregan a él.
Sin embargo reconoceremos que cualquier alternativa al neoliberalismo debe tomar en cuenta las dimensiones desarrolladas por él, sólo que conjugadas con otras y debidamente jerarquizadas. No pueden prescindirse del mercado, de la iniciativa privada y de la competencia. Pero no todo es mercado ni el mercado es primero. La vida humana no está sujeta al mercado y tiene que constituirse en un fin en sí mismo, perseguido no sólo por cada individuo (también por él, irrenunciablemente) sino por los distintos grupos, comunidades y movimientos y por la humanidad como un todo organizado. En cuanto estos propósitos intangibles, sagrados, logren imponerse sobre el neoliberalismo poniéndolo a su servicio desde dentro y transformándolo, relativizándolo, éste se salvará y la humanidad; si no, estamos abocados a una catástrofe. Pero para que esto sea un día posible tenemos que hacerle justicia, pero sin renunciar a un horizonte superior. Creo que esto emplaza a ser realidad en minorías organizadas en USA y también en países del Tercer Mundo y en el nuestro. Es la internacional de la vida que debe incluir, relativizándolo, al mercado mundial.
Esto asumiremos provechosamente el neoliberalismo si nos situamos más allá de él.
Publicado en:
La revista SIC
septiembre - octubre 1990
No hay comentarios:
Publicar un comentario