viernes, 2 de febrero de 2018

DEBILIDAD HISTÓRICA DEL ESTADO PERUANO
Por: Patricio RICKETTS REY de CASTRO
Periodista
Patricio Ricketts Rey de Castro
                                         Acaso el mayor problema histórico en relación con el Estado y los Andes sea su débil implantación. Kipling dijo de la presencia inglesa en la India que semejaba la marca de tiza sobre granito. Sin llegar tan lejos en el símil, habría que reconocer la superficialidad, por momentos patética, de la presencia del Estado peruano en lo más hondo del Perú profundo. ¿Hasta qué punto el Derecho republicano logró prevalecer realmente en buena parte de nuestro territorio, atenido a su propia creación y normatividad consuetudinaria, ancestral o como quiera llamarse? Me temo muy poco.
                                          Este ha sido un mal crónico que se expresa en toda gama de instituciones, acciones y funciones del Estado. Ni servicios, ni manifestaciones, siquiera mínimas del poder. Aún lo más primario y elemental, la presencia del Estado gendarme, falló. La gente ha tenido que inventar hasta la policía, "privatizada" por generación espontánea o "acción popular", mediante las rondas campesinas.Resultado de imagen para rondas campesinas

                                            Alguien habría pensado ingenuamente ante ese cuadro, que habíamos tocado fondo, como suele decirse, y que no era posible descomposición mayor. El Apra se encargó de convencernos de lo contrario; siempre es posible empeorar, cuando de veras se pone empeño en ello. De ahí que a Guzmán no le haya sido difícil borrar al Estado de extensas zonas del Perú. El poder central -como todavía se llama aquí a la debilidad suma- era casi una metáfora.
                                       Paradógicamente, fueron los estatistas y estatizadores los encargados de la demolición del Estado y de la gran evacuación de estos años. El terrorismo se limitó a ocupar sin esfuerzo lo que ya era un vacío. Con el colosal proceso migratorio generado por el desarrollo desigual de la economía, la sociedad, los servicios y las oportunidades de todo orden, se diría que el Estado también emigró de los Andes.
                                            Esa es, a mi juicio, nuestra gran ruptura. Será preciso reconstruir o construir por primera vez, ahora de la mano con el Perú profundo, un Estado que verdaderamente se implante, funcione y conduzca a la modernidad al Perú rezagado, estático y aún retrógrado, que en su abandono parece hundirse en las arenas movedizas de la negación cultural. A nadie se le debe ocultar que est será una tarea hercúlea, acaso tan grande como dominio de nuestra indimable naturaleza. Ambos problemas se relaciona tan estrechamente, por los demás, que hasta llegan a confundirse.
                                            No comparto la opinión de los ayatolas nacionalistas que, desde los días de Velasco, proclamaron la necesida de encontrar "soluciones peruanas para los problemas peruanos". Necesitamos soluciones eficaces, más que peruanas. Vale decir, probablemente útiles y compatibles con nuestras posibilidades. Nos conviene, en suma, un Estado válido, renovado y renovador, capaz de arrastar a la gente hacia la modernidad, por así decirlo.
                                            Obviamente, ese Estado tendrá que comprender nuestra realidad y nuestra historia. Pero sin olvidar que historicidad es lo contrario de anacronismo, pasadista, de cualquier género; ni tampoco aquella gran clave de Basadre: la parte más importante de la historia es la todavía no ha llegado el futuro.
                                           La modernidad y la eficacia tienen hoy un sentido universal, es poco menos que axiomático; que debemos insertarnos al máximo posible en el mundo, cae de su peso; que el proceso de trnasculturación, eje central de nuestra experiencia como pueblo, es fundamentalmente enriquecedor y liberador, me parece fuera de duda. Por ahí tenemos que transitar. Mientras más pronto y más juntos, mejor. El quid estará en esto último: en no dejar atrás a los peruanos rezagados. En tal sentido, acaso la geometría política haríabien en hablar más de vanguardia y retaguardia, que de izquierdas y derechas.
                                             Pese a todo lo dicho y acaso por ello mismo, temo a los aprendices de brujo de los países desarrollados, Nada les es más grato que oficiar de curanderos, con nosotros como conejillos de Indias.
                                             Cabría agregar algo acerca de la sinceridad de nuestros predicadores de importación. No pueden ignorar ellos que la relación fundamental entre nuestros países, es económica. Eso es lo que hay que corregir y mejorar: los términos de intercambio, la apertura de los mercados, la nociva repatriación de los capitales invertidos que vienen a succionar y no para sembrar, los asuntos del crédito y la deuda incobrable y ahora básicamente especulativa en manos nada respetables, etc, etc. De eso hay que hablar y en eso deberían trabajar quienes dicen interesarse por nosotros. Lo que menos necesitamos es misioneros políticos de pega. Para demagogos, los de casa.


Publicado en:
La revista APERTURA
febrero de 1993







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