EL ÚLTIMO TREN DE LA HISTORIA
A propósito de la visita de ALVIN TOFFLER
Escribe: Marcelo GULLO
En 1956, Nikita Kruschev, el pequeño y gracioso ucraniano que había logrado escalar hasta la cima más alta del poder soviético, delante de sus camaradas y desafiando a Occidente lanza su famoso grito “Os enterraremos”. Pensaba Kruschev que al cabo de unos pocos años la Unión Soviética estaría de condiciones de producir más toneladas de acero, más cemento y más productos petroquímicos que los Estados Unidos.
Paradójicamente, Kruschev estaba lejos de imaginar que la carrera que él se proponía ganar ya había terminado. El industrialismo comenzaba su fase descendente. Mientras soñaba con más y más chimeneas, nacía una revolución en el sistema occidental de creación de riqueza que transformaría toda la sociedad, el equilibrio mundial, e incluso la naturaleza de la propia guerra.
Cuando Kruschev le proponía a sus camaradas ganar la guerra del industrialismo, empezaba en Estados Unidos una nueva economía que estaría basado principalmente en el conocimiento. Nacía lo que Alvin Toffler daría a conocer como la "Tercera Ola", Mc Luhan como la "Aldea Global" y Peter Drucker como la "Sociedad Poscapitalista".
Sin embargo, Kruschev no era el único que se equivocaba en imaginar como sería el futuro; muchos como él tardarían en darse cuenta que ahora que conocían todas las respuestas, algo estaba comenzando a cambiar todas las respuestas.
Uno de los primeros en reflexionar que la humanidad atraviesa un punto de ruptura, una zona de turbulencias, es Alvin Toffler, en El Shock del Futuro, publicado en 1970 y luego en La Tercera Ola, donde divide la historia de la civilización en sólo tres partes: Una fase agrícola de primera ola, una fase industrial de segunda ola y una fase de tercera ola, que recién estaría empezando.
Toffler encuentra en la historia de la humanidad una limitada serie de instantes decisivos, de puntos inflexión. El primero de esos momentos se produjo aproximadamente 8 mil años a.C., cuando se descubre la agricultura y se abandona el nomadismo. Este es el primer punto de inflexión en el desarrollo social humano, la primera gran ola de cambio destinada a transformar la faz de la Tierra. Los modos de vida, de organización, de lucha, de odio y de amor cambian. Donde quiera que nacía la agricultura, desde la China hasta Egipto, nacía con ella la agricultura.
Esa Primera Ola de cambio dominó en solitario la Tierra hasta que entre 1650 y 1750 nació la Revolución Industrial. En Europa se inventó una serie de máquinas y con ello apareció la fábrica. Todo vuelve a cambiar para adaptarse a ese nuevo hábitat que creaba la máquina: las familias, las maneras de hacer política, las formas de gobierno; todo tiene que volver a ser replanteado a fin de adaptarse a un nuevo sistema de vida.
Sin embargo, esta nueva ola de cambio no sólo se extendería por todo el planeta de forma más veloz que la primera, sino que su propia aceleración la llevaría a alcanzar su máxima altitud y a tender a extinguirse más rápidamente que aquella. Como si la velocidad del cambio acelerara su muerte, tan sólo 200 años después, aparece en los Estados Unidos el primer indicio de que la humanidad se enfrenta a otro punto de inflexión: por primera vez en la historia de los trabajadores ligados a los servicios superaban en número a los trabajadores manuales.
Una poderosa marea se extiende entonces sobre la faz de la Tierra, que como las anteriores, crearía "un nuevo entorno, y a menudo extraño entorno, en el que trabajar, jugar, casarse, criar hijos o retirarse".
Para Toffler, la aparición de la Tercera Ola se convierte así en la clave para interpretar los dramáticos cambios que se producen en su entorno. La premisa revolucionaria que le permita interpretar y discernir el sentido de los acontecimientos. Los cambios que él observaba en la familia, en la sociedad, en el Estado, que van desde la quiebra de la familia tradicional, la difusión de cultos, la aparición de movimientos separatistas, el incremento del horario flexible, hasta la aparición de la novedosa situación económica de desempleo con inflación; no era cambios aislados, independientes entre sí, fruto del azar. Eran piezas de un fenómeno mucho más amplio, "la muerte del industrialismo y el nacimiento de una nueva civilización".
Siguiendo el pensamiento de Toffler, podemos aplicarlo al Perú y verlo reflejando en la crisis de los partidos políticos. Es decir, en la insignificancia electoral del Apra, considerado antes como un partido de masas; la desaparición de Acción Popular; la irrelevancia del Partido Popular Cristiano; la aparición de un desconocido que se hace con la Presidencia de la República y que logra mantenerse en ella; y la aparición de un mesias andino que logra colocar a uno de sus hombres en el Parlamento, no son hechos aislados, frutos de la historia y peculiaridades del Perú. Son parte de un fenómeno mucho más amplio; son, en cierta forma, reflejos en el Perú de la muerte del industrialismo, que había llegado tarde y mal a estas costas del Pacífico, y el nacimiento de una nueva civilización.
Pero, ¿Qué significa para el Perú la aparición de una nueva civilización llamada Tercera Ola? ¿Qué relevancia puede tener para la gente común, para el conductor de combi, para el ambulante que en el centro de Lima trabaja en medio de la basura, para los empresarios peruanos que hace ya tiempo piden a los oídos sordos de Camet una devaluación del nuevo sol, para los miles de maestros que ganan sueldos de hambre y que de pronto se encuentran con una computadora en sus escuelas, o para los hombres del Legislativo que legislan bien poco?.
Cada vez que se presenta una ola de cambio, una nueva civilización aparece sobre la Tierra, y divide a los pueblos que la habitan.
Así, en un primer momento, aquellos pueblos que lograron realizar la revolución agrícola pasaron a ser pueblos "civilizados": construyeron ciudades, comenzaron a transitar por el camino del conocimiento, mientras los otros, los que siguieron viviendo de la caza y de la pesca, se convirtieron en pueblos "primitivos".
La segunda gran revolución que nació en Manchester produjo la misma dicotomía. Volvió a dividir a la humanidad en "civilizados" y "primitivos", en países "desarrollados" y países "subdesarrollados", en ricos y pobres.
El Perú, como toda América Latina, se dio cuenta tarde del verdadero significado del revolución del industrialismo y mientras los Estados Unidos, también una ex colonia, avanzaba por el camino de la industrialización, nosotros quisimos seguir viviendo de la exportación de materias primas -cobre, oro, trigo, café- y cuando nos dimos cuenta ya era tarde. De ahí en más, nuestra historia fue un intento fallido de "reatrapar" el tiempo perdido, un intento de avanzar, ya sea por la vía de la derecha o de la izquierda, hacía el camino de la industrialización.
Sin embargo, cuando comenzábamos a aprendernos el libreto nos cambiaron todas las preguntas. Resulta ya un cliché decir que la tercera revolución es la revolución del conocimiento. Lo peligroso es que la mayoría de nuestros educadores, empresarios y políticos se han conformado, cuando no con orgullo, con repetir el cliché, sin preocuparse por saber que significa realmente esa revolución. No se dan cuenta de que en gran medida representa un cambio dramático para el Perú, que la humanidad está dando un salto cuántico hacia adelante para el cual no estamos preparados y que corremos, dicho crudamente, el riego de quedarnos de nuevo del lado de los pueblos "primitivos", Poco se reflexiona en el Ministerio de Educación que mientras "Especialización" fue la palabra clave en materia de desarrollo y educación durante la Segunda Ola industrial, la Tercera Ola propugna la "Generalización" y multiplicidad de aptitudes.
Poco se tiene en cuenta que el mundo mañana estará más allá de las materias primas, que los países desarrollados necesitan cantidades mucho menores de materia prima y energía; recursos considerados cruciales hoy en día, tales como el cobre y el hierro -la minería en la cual el Perú pone tantas esperanzas-, pueden ser útiles mañana, junto con las actividades de extracción, enlaces ferroviarios, minas, instalaciones portuarias y de otros tipos construidos para transportarlos.
Poco comprenden los economistas cuando quieren hacer del Perú el tigre latinoamericano. No saben que a ese modelo de crecimiento, basado en la exportación de bienes fabricados con mano de obra barata, también llegamos tarde porque "dentro del nuevo sistema de creación de riqueza, la mano de obra barata cada vez es más cara. A medida que se extiende el nuevo sistema, los costes por mano de obra pasan a representar -por sí mismos- una fracción menor de los costes de producción. Hoy en día, los costes de mano de obra en algunos sectores representan solamente el 10% de los costes totales de producción. Un 1% de ahorro en un factor de coste del 10% representa un ahorro del uno por mil sobre el coste total". El camino coreano, que se basó en la mano de obra barata, está agotado, porque los bajos salarios no representan ya como ayer una ventaja competitiva. Si todas estas cosas se comprenden, el proceso de cambio iniciado en el Perú puede ser el primer paso para conquistar un lugar en ese tren que parte hacia el futuro, aunque sea en el último vagón; si no será simplemente un salto al vacío, sacrificio inútil.
Nos encontramos en uno de esos momentos decisivos de la historia de la humanidad, en lo que Ortega y Gasset llamaba un "recodo de la historia". Estamos frente al Rubicón (que significa dar un paso decisivo arrostrando un riesgo) y todavía muchos duda cruzarlo o no saben como hacerlo. Los pequeños acontecimientos, las rencillas políticas, no nos dejan poner la vista en el horizonte. Nuestra suerte todavía no está echada, pero queda poco tiempo. Allende el Rubicón se encuentra un camino sembrado de emboscadas, pero que nos conduce a la "Poshistoria" a la "Tercera Ola", al mundo de la "Aldea Global", al futuro. Quedarnos donde estamos o no terminar de cruzar el río por miedo de las aguas bravas, o retroceder ante la primera emboscada, es condenarnos a permanecer en el pasado, hundirnos en al barbarie.
Publicado en:
La revista SÍ
11 de setiembre de 1995
A propósito de la visita de ALVIN TOFFLER
Escribe: Marcelo GULLO
En 1956, Nikita Kruschev, el pequeño y gracioso ucraniano que había logrado escalar hasta la cima más alta del poder soviético, delante de sus camaradas y desafiando a Occidente lanza su famoso grito “Os enterraremos”. Pensaba Kruschev que al cabo de unos pocos años la Unión Soviética estaría de condiciones de producir más toneladas de acero, más cemento y más productos petroquímicos que los Estados Unidos.
Paradójicamente, Kruschev estaba lejos de imaginar que la carrera que él se proponía ganar ya había terminado. El industrialismo comenzaba su fase descendente. Mientras soñaba con más y más chimeneas, nacía una revolución en el sistema occidental de creación de riqueza que transformaría toda la sociedad, el equilibrio mundial, e incluso la naturaleza de la propia guerra.
Cuando Kruschev le proponía a sus camaradas ganar la guerra del industrialismo, empezaba en Estados Unidos una nueva economía que estaría basado principalmente en el conocimiento. Nacía lo que Alvin Toffler daría a conocer como la "Tercera Ola", Mc Luhan como la "Aldea Global" y Peter Drucker como la "Sociedad Poscapitalista".
Sin embargo, Kruschev no era el único que se equivocaba en imaginar como sería el futuro; muchos como él tardarían en darse cuenta que ahora que conocían todas las respuestas, algo estaba comenzando a cambiar todas las respuestas.
Uno de los primeros en reflexionar que la humanidad atraviesa un punto de ruptura, una zona de turbulencias, es Alvin Toffler, en El Shock del Futuro, publicado en 1970 y luego en La Tercera Ola, donde divide la historia de la civilización en sólo tres partes: Una fase agrícola de primera ola, una fase industrial de segunda ola y una fase de tercera ola, que recién estaría empezando.
Toffler encuentra en la historia de la humanidad una limitada serie de instantes decisivos, de puntos inflexión. El primero de esos momentos se produjo aproximadamente 8 mil años a.C., cuando se descubre la agricultura y se abandona el nomadismo. Este es el primer punto de inflexión en el desarrollo social humano, la primera gran ola de cambio destinada a transformar la faz de la Tierra. Los modos de vida, de organización, de lucha, de odio y de amor cambian. Donde quiera que nacía la agricultura, desde la China hasta Egipto, nacía con ella la agricultura.
Esa Primera Ola de cambio dominó en solitario la Tierra hasta que entre 1650 y 1750 nació la Revolución Industrial. En Europa se inventó una serie de máquinas y con ello apareció la fábrica. Todo vuelve a cambiar para adaptarse a ese nuevo hábitat que creaba la máquina: las familias, las maneras de hacer política, las formas de gobierno; todo tiene que volver a ser replanteado a fin de adaptarse a un nuevo sistema de vida.
Sin embargo, esta nueva ola de cambio no sólo se extendería por todo el planeta de forma más veloz que la primera, sino que su propia aceleración la llevaría a alcanzar su máxima altitud y a tender a extinguirse más rápidamente que aquella. Como si la velocidad del cambio acelerara su muerte, tan sólo 200 años después, aparece en los Estados Unidos el primer indicio de que la humanidad se enfrenta a otro punto de inflexión: por primera vez en la historia de los trabajadores ligados a los servicios superaban en número a los trabajadores manuales.
Una poderosa marea se extiende entonces sobre la faz de la Tierra, que como las anteriores, crearía "un nuevo entorno, y a menudo extraño entorno, en el que trabajar, jugar, casarse, criar hijos o retirarse".
Para Toffler, la aparición de la Tercera Ola se convierte así en la clave para interpretar los dramáticos cambios que se producen en su entorno. La premisa revolucionaria que le permita interpretar y discernir el sentido de los acontecimientos. Los cambios que él observaba en la familia, en la sociedad, en el Estado, que van desde la quiebra de la familia tradicional, la difusión de cultos, la aparición de movimientos separatistas, el incremento del horario flexible, hasta la aparición de la novedosa situación económica de desempleo con inflación; no era cambios aislados, independientes entre sí, fruto del azar. Eran piezas de un fenómeno mucho más amplio, "la muerte del industrialismo y el nacimiento de una nueva civilización".
Siguiendo el pensamiento de Toffler, podemos aplicarlo al Perú y verlo reflejando en la crisis de los partidos políticos. Es decir, en la insignificancia electoral del Apra, considerado antes como un partido de masas; la desaparición de Acción Popular; la irrelevancia del Partido Popular Cristiano; la aparición de un desconocido que se hace con la Presidencia de la República y que logra mantenerse en ella; y la aparición de un mesias andino que logra colocar a uno de sus hombres en el Parlamento, no son hechos aislados, frutos de la historia y peculiaridades del Perú. Son parte de un fenómeno mucho más amplio; son, en cierta forma, reflejos en el Perú de la muerte del industrialismo, que había llegado tarde y mal a estas costas del Pacífico, y el nacimiento de una nueva civilización.
Pero, ¿Qué significa para el Perú la aparición de una nueva civilización llamada Tercera Ola? ¿Qué relevancia puede tener para la gente común, para el conductor de combi, para el ambulante que en el centro de Lima trabaja en medio de la basura, para los empresarios peruanos que hace ya tiempo piden a los oídos sordos de Camet una devaluación del nuevo sol, para los miles de maestros que ganan sueldos de hambre y que de pronto se encuentran con una computadora en sus escuelas, o para los hombres del Legislativo que legislan bien poco?.
Cada vez que se presenta una ola de cambio, una nueva civilización aparece sobre la Tierra, y divide a los pueblos que la habitan.
Así, en un primer momento, aquellos pueblos que lograron realizar la revolución agrícola pasaron a ser pueblos "civilizados": construyeron ciudades, comenzaron a transitar por el camino del conocimiento, mientras los otros, los que siguieron viviendo de la caza y de la pesca, se convirtieron en pueblos "primitivos".
La segunda gran revolución que nació en Manchester produjo la misma dicotomía. Volvió a dividir a la humanidad en "civilizados" y "primitivos", en países "desarrollados" y países "subdesarrollados", en ricos y pobres.
El Perú, como toda América Latina, se dio cuenta tarde del verdadero significado del revolución del industrialismo y mientras los Estados Unidos, también una ex colonia, avanzaba por el camino de la industrialización, nosotros quisimos seguir viviendo de la exportación de materias primas -cobre, oro, trigo, café- y cuando nos dimos cuenta ya era tarde. De ahí en más, nuestra historia fue un intento fallido de "reatrapar" el tiempo perdido, un intento de avanzar, ya sea por la vía de la derecha o de la izquierda, hacía el camino de la industrialización.
Sin embargo, cuando comenzábamos a aprendernos el libreto nos cambiaron todas las preguntas. Resulta ya un cliché decir que la tercera revolución es la revolución del conocimiento. Lo peligroso es que la mayoría de nuestros educadores, empresarios y políticos se han conformado, cuando no con orgullo, con repetir el cliché, sin preocuparse por saber que significa realmente esa revolución. No se dan cuenta de que en gran medida representa un cambio dramático para el Perú, que la humanidad está dando un salto cuántico hacia adelante para el cual no estamos preparados y que corremos, dicho crudamente, el riego de quedarnos de nuevo del lado de los pueblos "primitivos", Poco se reflexiona en el Ministerio de Educación que mientras "Especialización" fue la palabra clave en materia de desarrollo y educación durante la Segunda Ola industrial, la Tercera Ola propugna la "Generalización" y multiplicidad de aptitudes.

Poco se tiene en cuenta que el mundo mañana estará más allá de las materias primas, que los países desarrollados necesitan cantidades mucho menores de materia prima y energía; recursos considerados cruciales hoy en día, tales como el cobre y el hierro -la minería en la cual el Perú pone tantas esperanzas-, pueden ser útiles mañana, junto con las actividades de extracción, enlaces ferroviarios, minas, instalaciones portuarias y de otros tipos construidos para transportarlos.
Poco comprenden los economistas cuando quieren hacer del Perú el tigre latinoamericano. No saben que a ese modelo de crecimiento, basado en la exportación de bienes fabricados con mano de obra barata, también llegamos tarde porque "dentro del nuevo sistema de creación de riqueza, la mano de obra barata cada vez es más cara. A medida que se extiende el nuevo sistema, los costes por mano de obra pasan a representar -por sí mismos- una fracción menor de los costes de producción. Hoy en día, los costes de mano de obra en algunos sectores representan solamente el 10% de los costes totales de producción. Un 1% de ahorro en un factor de coste del 10% representa un ahorro del uno por mil sobre el coste total". El camino coreano, que se basó en la mano de obra barata, está agotado, porque los bajos salarios no representan ya como ayer una ventaja competitiva. Si todas estas cosas se comprenden, el proceso de cambio iniciado en el Perú puede ser el primer paso para conquistar un lugar en ese tren que parte hacia el futuro, aunque sea en el último vagón; si no será simplemente un salto al vacío, sacrificio inútil.
Nos encontramos en uno de esos momentos decisivos de la historia de la humanidad, en lo que Ortega y Gasset llamaba un "recodo de la historia". Estamos frente al Rubicón (que significa dar un paso decisivo arrostrando un riesgo) y todavía muchos duda cruzarlo o no saben como hacerlo. Los pequeños acontecimientos, las rencillas políticas, no nos dejan poner la vista en el horizonte. Nuestra suerte todavía no está echada, pero queda poco tiempo. Allende el Rubicón se encuentra un camino sembrado de emboscadas, pero que nos conduce a la "Poshistoria" a la "Tercera Ola", al mundo de la "Aldea Global", al futuro. Quedarnos donde estamos o no terminar de cruzar el río por miedo de las aguas bravas, o retroceder ante la primera emboscada, es condenarnos a permanecer en el pasado, hundirnos en al barbarie.
Publicado en:
La revista SÍ
11 de setiembre de 1995
No hay comentarios:
Publicar un comentario