sábado, 17 de febrero de 2018

LA TRAICIÓN DE LOS LIBERALES PERUANOS
Por: Alberto Adrianzen M.
                                        El encuentro entre el liberalismo y el Perú nunca fue un feliz. El llamado divorcio entre el Perú formal y el real tiene a la base este desencuentro. Para hacer su ingreso al país, el liberalismo tuvo que pasar previamente, como afirma Fernando de Trazegnies, por la aduana ideológica de la élites políticas y económicas. Estas limaron lo jacobino e igualitario que tenía esta doctrina. Convirtieron así al liberalismo en un discurso romo, sin punta; también en una simple caricatura.
                                          En el siglo pasado el liberalismo, bajo una supuesta libertad y respeto del contrario, terminó por defender el odioso y bárbaro sistema de enganche de los culis; en realidad, un régimen de semiesclavitud.
Imagen: Culis chinos encadenados trabajando en las haciendas costeñas del norte.
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                                           En su nombre las tierras fueron reconcentradas, fortaleciendo así a los terratenientes. Dio a nacimiento al burgués, como diría Mariátegui, con espíritu de feudo. Una suerte de señor feudal que decide cambiar sus tierras por una fábrica. Algo así como ser militante liberal, en nuestros días, pero, al mismo tiempo, del Opus Dei.
                                           Su coronación, si cabe el término, fue organizar la vida social de nuestro país bajo un criterio absolutamente antiliberal: la desigualdad natural entre los seres humanos.
                                            Los liberales no pudieron crear ni una república ni, mucho menos, una nación. Terminaron por traicionarse así mismos al convertir al Estado en el principal organizador de la vida social, económica y política del país, pero también al negarle a la sociedad un conjunto de derechos. El liberalismo peruano no pudo resolver, pese a que existieron propuestas reformistas en su seno, ni la llamada "cuestión social", los problemas derivados de la pobreza y la justicia, ni tampoco la "cuestión política", la manera en que una sociedad decide autogobernarse.
                                          El liberalismo surgió en las sociedades modernas y desarrolladas como una propuesta política y una ideología protectora de la sociedad frente a los arrestos autoritarios y arbitrarios del poder estatal. La idea, por ejemplo, de los derechos naturales encuentra ahí su explicación última. Por eso el liberalismo clásico nunca contrapuso, como hoy día hacen nuestros liberales, al Estado con el mercado. Contrapuso, más bien, al Estado con los derechos.
                                          Como recuerda Giovanni Sartori, acaso uno de los pensadores liberales más importantes de fines de siglo, "...el liberalismo es simplemente la teoría y la práctica de la defensa del Estado constitucional de la libertad política individual, de la libertad política. Se observará que: a) no confiere importancia al "individualismo"; y b) que hablo de "Estado constitucional" y no, como a veces se sugiere, de Estado mínimo"1. Como sabemos, el Estado constitucional no es otra cosa que un estado de derecho o. si se prefiere, una sociedad con derechos.
                                          Por eso el liberalismo -y sigo el razonamiento de Sartori- no otorga mayor importancia a la dimensión de ese Estado liberal que a su estructura. "El hecho de que Estado constitucional" -precisa el autor italiano- "pueda haber sido concebido como un Estado pequeño y abstencionista o escasamente interventor no es un obstáculo para su transformación, si fuese necesario, en un Estado mayor y con más competencias -con una condición esencial: que cuanto más deje de ser un Estado mínimo, más importante es que siga siendo un Estado constitucional".
                                          El eje de este razonamiento, como se puede observar, ancla, pues en la problemática de los derechos, no en el individualismo, ni mucho menos en el mercado o en el tamaños del Estado.
                                          Incluso el mercado, en el liberalismo clásico, aparece como una suerte de mecanismo de protección de la sociedad frente a la "mezquina rapacidad", como diría Adam Smith, de los capitalistas. Smith, en su famoso, libro "Riqueza de las Naciones", caracterizaba a los capitalistas, en cuanto grupo, como agentes que "rara vez se reúnen, aun para divertirse o distraerse, sin que la conversación termine en una conspiración contra el público o en un plan para elevar los precios". Para este pensador, el mercado o mejor dicho, la competencia, transformaba esa "mezquina rapacidad", siempre contraria al "público" . por lo tanto, necesaria de controlar- en "beneficios sociales"2. Convertía los vicios privados de los capitalistas en virtudes públicas, útiles al conjunto de la sociedad.
Adam Smith: Padre de la economía moderna y autor de la obra "Indagación Sobre la Naturaleza y las Causas de la Riqueza de las Naciones"
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                                           Por eso el liberalismo tampoco contrapuso lo estatal a los privado, sino más bien lo estatal a lo público, puesto que lo estatal podía, como ha sido nuestro país, ser privatizado a favor de unos cuantos, es decir, al servicio de esa "mezquina rapacidad".
                                           El liberalismo contrapone, pues, lo público a los estatal y a lo privado, puesto que lo primero aparece como el espacio de construcción de es Estado constitucional y el ámbito en el cual los derechos de la sociedad se crean y recrean constantemente. En este contexto el liberalismo, en tanto Estado constitucional y en cuanto derechos, aparece así como la teoría y la práctica de limitar el poder del Estado y de los intereses meramente privados. Pensar que el liberalismo, como hoy se pregona en el país, es simplemente la justificación del egoísmo humano y la entronización del mercado como principio de realidad, es como creer que todo el marxismo está contenido en los famosos (y pesados) manuales de la ex-Unión Soviética.
                                           Sin embargo, esta vez el liberalismo peruano no le ha sido necesario volver al "desaduanizar ideológicamente" al liberalismo. Le ha bastado con importar directamente y sin aranceles ideológicos el "Neoliberalismo" o para emplear una frase feliz de Benedetto Croce, el "liberalismo económico". Esta doctrina iguala -y, por lo tanto, confunde- el liberalismo con los principios del libre comercio, la supervivencia del más fuerte y la supremacía del mercado sobre los derechos y el Estado constitucional al proclamar que éste, el mercado, es la mejor expresión y el lugar por excelencia del interés público3.
                                         Al neoliberalismo no le interesa la democracia liberal y si más bien la expansión del mercado y la imposición de una lógica social darwinista, mediante la exacerbación del interés privado y del individualismo como norma social de vida y búsqueda de felicidad. Por eso, el neoliberalismo, al igual que la guerra, tiende a privatizar los espacios públicos y a convertir a la sociedad en un campo de batalla de los distintos egoísmos privados.
                                         Guerra (léase senderismo) y neoliberalismo se dan la mano para desintegrar a nuestra sociedad al imponer lógicas privatistas (no públicas) de exclusión social y económica. Incluso se le niega a la política su esencia negociadora y, por lo tanto, de búsqueda de consensos, como acaba de hacer farisaicamente el exdiputado Rafael Rey Rey. Para Carlos Boloña, Alberto Fujimori, Abimael Guzmán, el pacto social público no es necesario hoy en el Perú.
                                         La ideología neoliberal, de otro lado, es hija, al mismo tiempo, de las épocas de bonanza y de crisis del capitalismo. De la primera época recoge la idea, infantil por lo demás, de la autorregulación del capitalismo, de la segunda, la creencia de que la crisis es consecuencia de la intervención del Estado en la economía. Su partida de nacimiento se producirá en la década de los 40 en polémica abierta con el llamado Estado de Bienestar que se basara, justamente en el pacto social y en la ampliación de los derechos ciudadanos y sociales, particularmente de los trabajadores. Para esta ideología -y particularmente para su mentor mentor, Frederick von Hayek- toda política que refuerza al Estado niega al mismo tiempo al liberalismo.
Frederick von Hayek: Filósofo, jurista y economista de la Escuela Austriaca, conocido por su defensa del liberalismo y por sus críticas de la economía planificada.
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                                           El perfil político neoliberal será completado con la idea del economista Joseph Schumpeter, quien sostiene que el futuro de la sociedad descansa principalmente en el empresariado. Para Schumpeter, como afirma Daniel Bell, la expansión de la industria no surge del "impulso" del capital sino más bien del "arrastre" del empresariado. El progreso económico es entendido así como la mayor cantidad de oportunidades al empresariado para que este logre abrir nuevos caminos para obtener ganancias. La función del gobierno será, por lo tanto, no la de dirigir las inversiones, sino la de estimular al empresariado hacia el logro de una mayor ganancia4
                                          El Estado se convierte así en irresponsable frente a los consumidores y a la sociedad (ver recuadro - Piñas y Lecheros). La pobreza pasa a ser un problema moral y no social. El neoliberalismo bloquea así las posibilidades de solucionar la "cuestión social" al negarse a regular socialmente a la economía, y la "cuestión social" al implantar la dictadura, es decir, al privatizar el poder.
                                          En este contexto, los trabajadores y los sectores organizados, ligados a la producción, se convierten en los hijos malditos del sistema. Una suerte de rebeldes sin causa que el poder debe, como acaba e hacer con las recientes leyes laborales, disciplinar, y si es necesario, a la fuerza. Y los pobres en objeto en objeto de caridad. El principio de organización social no es el trabajo ni tampoco el reconocimiento del otro como igual, puesto que ambos tienen los mismos derechos, sino más bien la ganancia, sobre la especulativa. No es extraño tampoco que estas leyes se promulguen (no discuto la necesidad de una reforma laboral) ahora, al cabo de doce años durante los cuales el movimiento obrero presentó más de mil recursos de amparo en defensa de sus derechos constitucionales.
                                          Los liberales peruanos vuelven, pues, a traicionar al país y al propio liberalismo, al negarse una vez más a construir una sociedad, una comunidad política, basadas en el pacto, en los consensos, en los derechos, en la democracia, en la negociación y en el trabajo. En buscar una manera civilizada de convivir entre peruanos diversos pero iguales ante la ley, que es, justamente, lo que permite los derechos y el Estado constitucional. Convivencia distinta, por cierto, al imperio de aquello que Adam Smith llamaba la "mezquina rapacidad" de unos cuantos.
Piñas y lecheros
                                        El liberalismo peruano es tan feble y decorativo que no imagina una sociedad, como plantea Galbraith, en la que la autorregulación del mercado no proceda de la competencia entre los productores, sino más bien de un poder autogenerado y de un contrapeso entre compradores y vendedores.
                                       Los compradores o consumidores, en nuestra sociedad, no tienen derechos, no tienen a quién y en dónde reclamar. Un ejemplo de ello son los ahorristas de mutuales, cooperativas y bancos, víctimas no sólo del manejo del APRA, sino también de la actual política económica. Ellos son, en el lenguaje frío del ministro Boloña, los llamados "piñas"; los "lecheros" o suertudos son otros: los grandes intereses financieros.
                                       En realidad, la defensa y los derechos de los consumidores son aspectos importantes de todo nuevo orden social. El New Deal de Roosevelt, por ejemplo, se basó, entre otros puntos, en la idea de que el vendedor debería ser controlado y fiscalizado, puesto que los consumidores tenían derechos que el Estado debía garantizar y proteger. Imaginar que existen derechos de los consumidores supone imaginar que todos los consumidores (ya que son también ciudadanos) son iguales, aspecto que el liberalismo peruano desprecia hasta hoy.
1. SARTORI, Giovanni: Teoría de la democracia, tomo II. Madrid. Alianza Editorial. 1988.
2. Al respecto, cf. SOWELL, Thomas: Conflicto de visiones. Buenos Aires. Edit. Gedisa. 1990.
3. Sobre el "liberalismo económico", cf. SARTORI, Giovanni: ob, cit.
4. Bell, Daniel: "Las perspectivas del capitalismo americano: Sobre Keynes, Schumpeter y Galbraith", en El fin de las ideologías. Madrid: Edit, Tecnos. 1964.  
                                             
Publicado en:
La revista QUE HACER #76
Lima, julio - agosto 1992

viernes, 9 de febrero de 2018

MÁS ALLÁ DEL NEOLIBERALISMO

EL NEOLIBERALISMO COMO IDEOLOGÍA
                                         El más sutil que puede arbitrar una ideología para imponerse y proclamar la muerte de las ideologías y mostrarse bajo otro semblante, por ejemplo, la ciencia. Es lo que sucedió por casi un siglo entre nosotros con el positivismo. La ciencia positiva hace las veces de la política, la filosofía y la teología, y siempre como evidencia apodíctica y sagrada. Y así, disentir razonablemente de una hipótesis científica, pasa ser un sacrilegio y una rebelión; y el que se atreve a tanto no merece el honor de una respuesta científica sino la marginación condescendiente o brutal: ha perdido la contemporaneidad (no es coetáneo, precisaría Zubiri) y no tiene sentido dirigirle la palabra; vive en otra geología, es un dinosaurio y uno no anda discutiendo con piezas de museos.
                                           Eso pasa hoy con el neoliberalismo. Es un modo de practicar la economía política que está alcanzando vigencia planetaria. Pero el que esta practica haya logrado imponerse no significa la convalidación de sus postulados; sólo atestigua la contundencia de sus medios (tanto políticos como económicos).

EL NEOLIBERALISMO COMO ECONOMÍA POLÍTICA 
                                         El medio principal es la permeabilidad de los mercados nacionales a los agentes económicos mundializados a fin de que éstos (las empresas trasnacionales o nacionales asociadas a aquellas como socios menores y dependientes) constituyan un mercado mundial dinamizado por la competencia. El medio indispensable para crear y preservar este marco es el concurso de los Estados, que se comprometen a no dar espacio a otro tipo de prácticas y a cargar con los costos económicos que acarrea una reforma estructural tan violenta. Las tareas asignadas al Estado serían por un medio contener la inflación, costear la reconversión y paliar la pobreza crítica, y por otro mantener este orden social, reprimiendo la situación de violencia permanente que genera este modelo y desarmando a fuerzas sociales organizadas, señaladamente los sindicatos, que podrían obstaculizar esta política. Es patente que, con el concurso de los Estados, las trasnacionales están conformado ya este mercado mundial.

EL NEOLIBERALISMO COMO TEORÍA SOCIAL 
                                          El postulado principal del neoliberalismo es que la competencia pone a funcionar hasta el tope las energías latentes en los individuos que conforman el todo social, y así la extrema movilidad que se genera, tras una etapa dolorosa de ajustes, provoca una sociedad de bienestar. Para que este postulado se realice, el Estado no puede sobreproteger al pueblo: el populismo o la planificación central mantienen al pueblo en perpetua minoridad; al atrofiarle la iniciativa y la responsabilidad lo mantienen no sólo improductivo para la sociedad sino débil y carente de valor a sus propios ojos. Igual que la nación tiene que salir al mercado nacional pagando los servicios y el consumo de su valor real y sometiéndose todos al mercado del trabajo. Tampoco el Estado puede sobreprotegerse a sí mismo y entrar en el mercado como si fuera una corporación privada. El Estado es público; su función sería, como dijimos, crear las condiciones para que funcione el mercado y velar porque no se alteren. Su finalidad es velar por el bien común, no realizarlo. Ese bien lo realizan los ciudadano a través de las organizaciones económicas en la concurrencia del mercado.

EL NEOLIBERALISMO COMO PROPUESTA ANTROPOLÓGICA 
                                          Detrás del objetivo de la sociedad de bienestar hay una propuesta antropológica que está siendo internalizada en los ambientes ganados por el neoliberalismo. En términos éticos sonaría así: lo moralmente bueno, lo debe procurarse como bien para sí mismo y para la sociedad es producir (aumentar la productividad, cualificarse, rendir al máximo de las posibilidades), consumir (comprar las marcas más prestigiosas, exigir la calidad, acceder según las preferencias a lo que se propone como deseable) y exigir los propios derechos. Lo demás debe dejarse a los que gerencian la sociedad (el Estado, los MCS...). Es completamente disfuncional para la sociedad y desestabiliza y frustra a la persona el que se preocupe del todo social, de la suerte de los pobres... En todo caso, si a alguien le inquieta esto, que se deje de elucubrar o pretender; que deje, pues, lo que se llamaba política, y que se meta por ejemplo, a cualquier asociación benéfica, privada, por supuesto: se sentirá bien, empleará su tiempo libre y no causará problemas a su relación con el todo social ni a la sociedad como todo. En este esquema nada convoca personalmente a los ciudadanos. Estos no son llamados como cuerpo social a nada que los trascienda. En rigor la sociedad no existe sino como campo posibilitante de la realización personal privada, que dependen absolutamente de las preferencias de cada quien. La idea de la humanidad como cuerpo social: que se propone fines carece completamente de sentido. De ahí el refugio en la familia como pequeña tribu o el resurgimiento de lo étnico, la tribu grande, como restos de sentido y lugares de reunión. Pero este cultivo de las raíces, sin proyección trascendente amenaza convertirse en egoismo colectivo.

LA CORRECCIÓN SOCIALDEMOCRATA 
                                          Parece que debe darse por sentado que la mundialización del mercado no ha implicado la universalización del mercado en el seno de cada país. En USA, por ejemplo ha aumentado de un modo contundente, el número de los marginados de la producción y el consumo. En América Latina los ejemplos de Brasil y Chile lo ilustra: Brasil es un caso extremo de un sector modernizado con patrones de producción y consumo sofistificados, y millones de hambrientos sin trabajo en incesante aumento. Hace unos días titulaba un diario de Santiago: En Chile sobran cinco millones. En efecto el plan puesto en marcha por Pinochet da para que un millón viva muy bien y seis millones, más o menos; pero el resto está fuera del plan, dejado a su suerte: no hay lugar para ellos.
                                           En vista de este efecto improcedente y hasta ahora inevitable, varios países han propuesto una complementación: Dejando casi intacto el esquema neoliberal, el Estado crea una red de seguridad social. El "casi" se debe a los impuestos que tiene que recabar el Estado para sostener el costosísimo sistema de jubilaciones y atención médica. El argumento que lo justifica se refiere a la paz social y a la estabilidad que proporciona. Pero el correctivo social-demócrata deja intacto la propuesta antropológica neoliberal.

LO QUE ENCUBRE EL NEOLIBERALISMO 
                                          Tildábamos de ideológico al neoliberalismo porque encubre lo que es: economía política. Proclamar el fin de la política es su modo de hacer política. Con esta consigna han conseguido convencer a los políticos y tomar los Estados, y con ella someten al pueblo al convencerle del carácter inexorable, por científico, de sus propuestas. El neoliberalismo ha sido tremendamente exitoso como proyecto político. Y la consecuencia de tomar el Estado no ha sido disminuirlo. Por el contrario, lo han empleado a fondo para cambiar las estructuras, resistiendo tremendas presiones. Y en el aspecto económico lo han disminuido; han retirado los recursos de la subvención de servicios para canalizarlos al capital financiero, a la reconversión industrial y al mantenimiento del sistema, contradiciendo de plano lo proclamado doctrinariamente. Tampoco se ha abandonado el proteccionismo: la compra de importantes empresas o aún más de grupos enteros por parte de una trasnacional extranjera es en los países centrales una decisión política, en el sentido estricto de qué está en manos del Estado, en tanto para nuestros se predica la apertura irrestricta, la completa trasnacionalización.

DOS PROPUESTAS CONTRARIAS INSUFICIENTES 
                                          Un sistema de medios como el neoliberalismo en cuanto economía política y un sistema de fines como es el liberalismo en cuanto doctrina (explícita e implícita) sobre el ser humano y la sociedad, deben fundarse en la realidad para que su realización no tenga efectos deletéreos. Se hace justicia a la realidad cuando se toman en cuenta todos los elementos que entran en juego y cuando se los jerarquiza certeramente. No se hace justicia a la realidad cuando se dice que ya no existe política y que se ha reducido al Estado a árbitro del juego que juegan los actores sociales. No se hace justicia a la realidad cuando se considera al ser humano meramente como un individuo, ni cuando se considera a la sociedad solamente como un campo para competir buscando prevalecer, ni cuando se afirma que el bien del conjunto deriva de que cada quien busque sus fines propios dentro de las reglas establecidas. No se hace justicia a la realidad cuando se pretende que el problema de los pobres de cada país y el del Tercer Mundo no sean problemas en sí sino que se resolverán indirectamente cuando el neoliberalismo haya penetrado por completo en cada sociedad y en todos los países.
                                          Tampoco se hace justicia a la realidad considerando al ser humano sólo un elemento de un conjunto ni a la sociedad como un cuerpo deliberante dirigido por expertos, ni cuando se proclama la solidaridad con prescindencia de la iniciativa privada y el interés legítimo, ni cuando se enfoca todo a la producción de bienes y servicios sin tomar en cuenta los costos ni la productividad, ni cuando se busca una distribución equitativa sin poner énfasis en producir más y mejor. El neoliberalismo critica con razón estas desviaciones del socialismo real que lo han precipitado en la ruina, pero está ciego para comprender que el éxito de su vigencia no ha significado el triunfo de la humanidad que hay en el ser humano ni el triunfo de todos los seres humanos, sino el triunfo de los mejores situados y más dotados en orden a los medios y fines que proclama.

¿QUÉ ES LO PRIMERO Y QUE VIENE DESPUÉS? 
                                          Este déficit gravísimo de la dimensión solidaria (dimensión que constituye al ser humano en persona) proviene de la mutilación que supone restringirse a producir y consumir. Este ser está primariamente referido a cosas (bienes y servicios); las relaciones personales (bien sean en el nivel del cara a cara, bien en el nivel de la contribución al cuerpo social), tratan de preservarse en el ámbito privado, pero casi inevitablemente pasan a segundo plano.
                                          Y aquí viene la injusticia a la realidad: lo que está al servicio del ser humano (producir y consumir) se persigue de un modo absoluto, en tanto que la finalidad que da sentido a la producción y el consumo se dejan a la libre subjetividad de cada quien y no entra en los objetivos de la sociedad. De este modo la brecha creciente entre ricos y pobres (que denuncia el Papa insistentemente), la situación desesperada de una tercera parte de la humanidad, los gritos y clamores de nuestro pueblo pasan a ser el costo social del sistema. Dicen que se sienten, pero son relativos y laterales, en tanto el sistema es lo perseguido directamente, lo absoluto.

¿SERÁ POSIBLE ASUMIR SUPERANDO? 
                                          Por eso nosotros sostenemos que el esquema neoliberal no resuelve el hambre de los pobres de la Tierra ni de nuestro país y que además deshumaniza a los que se entregan a él.
                                          Sin embargo reconoceremos que cualquier alternativa al neoliberalismo debe tomar en cuenta las dimensiones desarrolladas por él, sólo que conjugadas con otras y debidamente jerarquizadas. No pueden prescindirse del mercado, de la iniciativa privada y de la competencia. Pero no todo es mercado ni el mercado es primero. La vida humana no está sujeta al mercado y tiene que constituirse en un fin en sí mismo, perseguido no sólo por cada individuo (también por él, irrenunciablemente) sino por los distintos grupos, comunidades y movimientos y por la humanidad como un todo organizado. En cuanto estos propósitos intangibles, sagrados, logren imponerse sobre el neoliberalismo poniéndolo a su servicio desde dentro y transformándolo, relativizándolo, éste se salvará y la humanidad; si no, estamos abocados a una catástrofe. Pero para que esto sea un día posible tenemos que hacerle justicia, pero sin renunciar a un horizonte superior. Creo que esto emplaza a ser realidad en minorías organizadas en USA y también en países del Tercer Mundo y en el nuestro. Es la internacional de la vida que debe incluir, relativizándolo, al mercado mundial.
                                         Esto asumiremos provechosamente el neoliberalismo si nos situamos más allá de él.
                                           

Publicado en:
La revista SIC
septiembre - octubre 1990

domingo, 4 de febrero de 2018

EL ÚLTIMO TREN DE LA HISTORIA
A propósito de la visita de ALVIN TOFFLER

Escribe: Marcelo GULLO

                                           En 1956, Nikita Kruschev, el pequeño y gracioso ucraniano que había logrado escalar hasta la cima más alta del poder soviético, delante de sus camaradas y desafiando a Occidente lanza su famoso grito “Os enterraremos”. Pensaba Kruschev que al cabo de unos pocos años la Unión Soviética estaría de condiciones de producir más toneladas de acero, más cemento y más productos petroquímicos que los Estados Unidos.
                                         Paradójicamente, Kruschev estaba lejos de imaginar que la carrera que él se proponía ganar ya había terminado. El industrialismo comenzaba su fase descendente. Mientras soñaba con más y más chimeneas, nacía una revolución en el sistema occidental de creación de riqueza que transformaría toda la sociedad, el equilibrio mundial, e incluso la naturaleza de la propia guerra.
                                         Cuando Kruschev le proponía a sus camaradas ganar la guerra del industrialismo, empezaba en Estados Unidos una nueva economía que estaría basado principalmente en el conocimiento. Nacía lo que Alvin Toffler daría a conocer como la "Tercera Ola", Mc Luhan como la "Aldea Global" y Peter Drucker como la "Sociedad Poscapitalista".
                                          Sin embargo, Kruschev no era el único que se equivocaba en imaginar como sería el futuro; muchos como él tardarían en darse cuenta que ahora que conocían todas las respuestas, algo estaba comenzando a cambiar todas las respuestas.
                                           Uno de los primeros en reflexionar que la humanidad atraviesa un punto de ruptura, una zona de turbulencias, es Alvin Toffler, en El Shock del Futuro, publicado en 1970 y luego en La Tercera Ola, donde divide la historia de la civilización en sólo tres partes: Una fase agrícola de primera ola, una fase industrial de segunda ola y una fase de tercera ola, que recién estaría empezando.
                                            Toffler encuentra en la historia de la humanidad una limitada serie de instantes decisivos, de puntos inflexión. El primero de esos momentos se produjo aproximadamente 8 mil años a.C., cuando se descubre la agricultura y se abandona el nomadismo. Este es el primer punto de inflexión en el desarrollo social humano, la primera gran ola de cambio destinada a transformar la faz de la Tierra. Los modos de vida, de organización, de lucha, de odio y de amor cambian. Donde quiera que nacía la agricultura, desde la China hasta Egipto, nacía con ella la agricultura.Imagen relacionada                                            Esa Primera Ola de cambio dominó en solitario la Tierra hasta que entre 1650 y 1750 nació la Revolución Industrial. En Europa se inventó una serie de máquinas y con ello apareció la fábrica. Todo vuelve a cambiar para adaptarse a ese nuevo hábitat que creaba la máquina: las familias, las maneras de hacer política, las formas de gobierno; todo tiene que volver a ser replanteado a fin de adaptarse a un nuevo sistema de vida.Resultado de imagen para revolucion industrial
                                         Sin embargo, esta nueva ola de cambio no sólo se extendería por todo el planeta de forma más veloz que la primera, sino que su propia aceleración la llevaría a alcanzar su máxima altitud y a tender a extinguirse más rápidamente que aquella. Como si la velocidad del cambio acelerara su muerte, tan sólo 200 años después, aparece en los Estados Unidos el primer indicio de que la humanidad se enfrenta a otro punto de inflexión: por primera vez en la historia de los trabajadores ligados a los servicios superaban en número a los trabajadores manuales.
                                           Una poderosa marea se extiende entonces sobre la faz de la Tierra, que como las anteriores, crearía "un nuevo entorno, y a menudo extraño entorno, en el que trabajar, jugar, casarse, criar hijos o retirarse".
                                            Para Toffler, la aparición de la Tercera Ola se convierte así en la clave para interpretar los dramáticos cambios que se producen en su entorno. La premisa revolucionaria que le permita interpretar y discernir el sentido de los acontecimientos. Los cambios que él observaba en la familia, en la sociedad, en el Estado, que van desde la quiebra de la familia tradicional, la difusión de cultos, la aparición de movimientos separatistas, el incremento del horario flexible, hasta la aparición de la novedosa situación económica de desempleo con inflación; no era cambios aislados, independientes entre sí, fruto del azar. Eran piezas de un fenómeno mucho más amplio, "la muerte del industrialismo y el nacimiento de una nueva civilización".
                                          Siguiendo el pensamiento de Toffler, podemos aplicarlo al Perú y verlo reflejando en la crisis de los partidos políticos. Es decir, en la insignificancia electoral del Apra, considerado antes como un partido de masas; la desaparición de Acción Popular; la irrelevancia del Partido Popular Cristiano; la aparición de un desconocido que se hace con la Presidencia de la República y que logra mantenerse en ella; y la aparición de un mesias andino que logra colocar a uno de sus hombres en el Parlamento, no son hechos aislados, frutos de la historia y peculiaridades del Perú. Son parte de un fenómeno mucho más amplio; son, en cierta forma, reflejos en el Perú de la muerte del industrialismo, que había llegado tarde y mal a estas costas del Pacífico, y el nacimiento de una nueva civilización.
                                          Pero, ¿Qué significa para el Perú la aparición de una nueva civilización llamada Tercera Ola? ¿Qué relevancia puede tener para la gente común, para el conductor de combi, para el ambulante que en el centro de Lima trabaja en medio de la basura, para los empresarios peruanos que hace ya tiempo piden a los oídos sordos de Camet una devaluación del nuevo sol, para los miles de maestros que ganan sueldos de hambre y que de pronto se encuentran con una computadora en sus escuelas, o para los hombres del Legislativo que legislan bien poco?.
                                          Cada vez que se presenta una ola de cambio, una nueva civilización aparece sobre la Tierra, y divide a los pueblos que la habitan. 
                                          Así, en un primer momento, aquellos pueblos que lograron realizar la revolución agrícola pasaron a ser pueblos "civilizados": construyeron ciudades, comenzaron a transitar por el camino del conocimiento, mientras los otros, los que siguieron viviendo de la caza y de la pesca, se convirtieron en pueblos "primitivos". 
                                           La segunda gran revolución que nació en Manchester produjo la misma dicotomía. Volvió a dividir a la humanidad en "civilizados" y "primitivos", en países "desarrollados" y países "subdesarrollados", en ricos y pobres.
                                          El Perú, como toda América Latina, se dio cuenta tarde del verdadero significado del revolución del industrialismo y mientras los Estados Unidos, también una ex colonia, avanzaba por el camino de la industrialización, nosotros quisimos seguir viviendo de la exportación de materias primas -cobre, oro, trigo, café- y cuando nos dimos cuenta ya era tarde. De ahí en más, nuestra historia fue un intento fallido de "reatrapar" el tiempo perdido, un intento de avanzar, ya sea por la vía de la derecha o de la izquierda, hacía el camino de la industrialización.
                                          Sin embargo, cuando comenzábamos a aprendernos el libreto nos cambiaron todas las preguntas. Resulta ya un cliché decir que la tercera revolución es la revolución del conocimiento. Lo peligroso es que la mayoría de nuestros educadores, empresarios y políticos se han conformado, cuando no con orgullo, con repetir el cliché, sin preocuparse por saber que significa realmente esa revolución. No se dan cuenta de que en gran medida representa un cambio dramático para el Perú, que la humanidad está dando un salto cuántico hacia adelante para el cual no estamos preparados y que corremos, dicho crudamente, el riego de quedarnos de nuevo del lado de los pueblos "primitivos", Poco se reflexiona en el Ministerio de Educación que mientras "Especialización" fue la palabra clave en materia de desarrollo y educación durante la Segunda Ola industrial, la Tercera Ola propugna la "Generalización" y multiplicidad de aptitudes.Resultado de imagen para revolucion informatica
                                          Poco se tiene en cuenta que el mundo mañana estará más allá de las materias primas, que los países desarrollados necesitan cantidades mucho menores de materia prima y energía; recursos considerados cruciales hoy en día, tales como el cobre y el hierro -la minería en la cual el Perú pone tantas esperanzas-, pueden ser útiles mañana, junto con las actividades de extracción, enlaces ferroviarios, minas, instalaciones portuarias y de otros tipos construidos para transportarlos.
                                          Poco comprenden los economistas cuando quieren hacer del Perú el tigre latinoamericano. No saben que a ese modelo de crecimiento, basado en la exportación de bienes fabricados con mano de obra barata, también llegamos tarde porque "dentro del nuevo sistema de creación de riqueza, la mano de obra barata cada vez es más cara. A medida que se extiende el nuevo sistema, los costes por mano de obra pasan a representar -por sí mismos- una fracción menor de los costes de producción. Hoy en día, los costes de mano de obra en algunos sectores representan solamente el 10% de los costes totales de producción. Un 1% de ahorro en un factor de coste del 10% representa un ahorro del uno por mil sobre el coste total". El camino coreano, que se basó en la mano de obra barata, está agotado, porque los bajos salarios no representan ya como ayer una ventaja competitiva. Si todas estas cosas se comprenden, el proceso de cambio iniciado en el Perú puede ser el primer paso para conquistar un lugar en ese tren que parte hacia el futuro, aunque sea en el último vagón; si no será simplemente un salto al vacío, sacrificio inútil.
                                          Nos encontramos en uno de esos momentos decisivos de la historia de la humanidad, en lo que Ortega y Gasset llamaba un "recodo de la historia". Estamos frente al Rubicón (que significa dar un paso decisivo arrostrando un riesgo) y todavía muchos duda cruzarlo o no saben como hacerlo. Los pequeños acontecimientos, las rencillas políticas, no nos dejan poner la vista en el horizonte. Nuestra suerte todavía no está echada, pero queda poco tiempo. Allende el Rubicón se encuentra un camino sembrado de emboscadas, pero que nos conduce a la "Poshistoria" a la "Tercera Ola", al mundo de la "Aldea Global", al futuro. Quedarnos donde estamos o no terminar de cruzar el río por miedo de las aguas bravas, o retroceder ante la primera emboscada, es condenarnos a permanecer en el pasado, hundirnos en al barbarie.


Publicado en:
La revista
11 de setiembre de 1995






viernes, 2 de febrero de 2018

DEBILIDAD HISTÓRICA DEL ESTADO PERUANO
Por: Patricio RICKETTS REY de CASTRO
Periodista
Patricio Ricketts Rey de Castro
                                         Acaso el mayor problema histórico en relación con el Estado y los Andes sea su débil implantación. Kipling dijo de la presencia inglesa en la India que semejaba la marca de tiza sobre granito. Sin llegar tan lejos en el símil, habría que reconocer la superficialidad, por momentos patética, de la presencia del Estado peruano en lo más hondo del Perú profundo. ¿Hasta qué punto el Derecho republicano logró prevalecer realmente en buena parte de nuestro territorio, atenido a su propia creación y normatividad consuetudinaria, ancestral o como quiera llamarse? Me temo muy poco.
                                          Este ha sido un mal crónico que se expresa en toda gama de instituciones, acciones y funciones del Estado. Ni servicios, ni manifestaciones, siquiera mínimas del poder. Aún lo más primario y elemental, la presencia del Estado gendarme, falló. La gente ha tenido que inventar hasta la policía, "privatizada" por generación espontánea o "acción popular", mediante las rondas campesinas.Resultado de imagen para rondas campesinas

                                            Alguien habría pensado ingenuamente ante ese cuadro, que habíamos tocado fondo, como suele decirse, y que no era posible descomposición mayor. El Apra se encargó de convencernos de lo contrario; siempre es posible empeorar, cuando de veras se pone empeño en ello. De ahí que a Guzmán no le haya sido difícil borrar al Estado de extensas zonas del Perú. El poder central -como todavía se llama aquí a la debilidad suma- era casi una metáfora.
                                       Paradógicamente, fueron los estatistas y estatizadores los encargados de la demolición del Estado y de la gran evacuación de estos años. El terrorismo se limitó a ocupar sin esfuerzo lo que ya era un vacío. Con el colosal proceso migratorio generado por el desarrollo desigual de la economía, la sociedad, los servicios y las oportunidades de todo orden, se diría que el Estado también emigró de los Andes.
                                            Esa es, a mi juicio, nuestra gran ruptura. Será preciso reconstruir o construir por primera vez, ahora de la mano con el Perú profundo, un Estado que verdaderamente se implante, funcione y conduzca a la modernidad al Perú rezagado, estático y aún retrógrado, que en su abandono parece hundirse en las arenas movedizas de la negación cultural. A nadie se le debe ocultar que est será una tarea hercúlea, acaso tan grande como dominio de nuestra indimable naturaleza. Ambos problemas se relaciona tan estrechamente, por los demás, que hasta llegan a confundirse.
                                            No comparto la opinión de los ayatolas nacionalistas que, desde los días de Velasco, proclamaron la necesida de encontrar "soluciones peruanas para los problemas peruanos". Necesitamos soluciones eficaces, más que peruanas. Vale decir, probablemente útiles y compatibles con nuestras posibilidades. Nos conviene, en suma, un Estado válido, renovado y renovador, capaz de arrastar a la gente hacia la modernidad, por así decirlo.
                                            Obviamente, ese Estado tendrá que comprender nuestra realidad y nuestra historia. Pero sin olvidar que historicidad es lo contrario de anacronismo, pasadista, de cualquier género; ni tampoco aquella gran clave de Basadre: la parte más importante de la historia es la todavía no ha llegado el futuro.
                                           La modernidad y la eficacia tienen hoy un sentido universal, es poco menos que axiomático; que debemos insertarnos al máximo posible en el mundo, cae de su peso; que el proceso de trnasculturación, eje central de nuestra experiencia como pueblo, es fundamentalmente enriquecedor y liberador, me parece fuera de duda. Por ahí tenemos que transitar. Mientras más pronto y más juntos, mejor. El quid estará en esto último: en no dejar atrás a los peruanos rezagados. En tal sentido, acaso la geometría política haríabien en hablar más de vanguardia y retaguardia, que de izquierdas y derechas.
                                             Pese a todo lo dicho y acaso por ello mismo, temo a los aprendices de brujo de los países desarrollados, Nada les es más grato que oficiar de curanderos, con nosotros como conejillos de Indias.
                                             Cabría agregar algo acerca de la sinceridad de nuestros predicadores de importación. No pueden ignorar ellos que la relación fundamental entre nuestros países, es económica. Eso es lo que hay que corregir y mejorar: los términos de intercambio, la apertura de los mercados, la nociva repatriación de los capitales invertidos que vienen a succionar y no para sembrar, los asuntos del crédito y la deuda incobrable y ahora básicamente especulativa en manos nada respetables, etc, etc. De eso hay que hablar y en eso deberían trabajar quienes dicen interesarse por nosotros. Lo que menos necesitamos es misioneros políticos de pega. Para demagogos, los de casa.


Publicado en:
La revista APERTURA
febrero de 1993







POR UN ESTADO DEMOCRÁTICO Y PARTICIPATIVO

Por: Francisco MIRO QUESADA RADAImagen relacionada

                                            Es preciso analizar cuál ha sido la función del Estado en la sociedad peruana. Originalmente fue concebido dentro de un estado liberal clásico, herencia de las ideas provenientes de la Revolución Francesa, característica de todos los países que se independizaron de España. Hay que analizar también la estructura formal democrática, que responde a una realidad aristocrática y tradicional, incluso oligárquica, al servicio de las clases dominantes en el Perú. Aunque teóricamente se le reconoció al poblador peruano sus derechos, en la práctica estos no se consolidaron. Desgraciadamente hay una división entre los peruanos herederos de la cultura occidental y los que mantienen las estructuras autónomas. A través del movimiento indigenista, ideología reflejada en Mariátegui, Haya de la Torre y Belaunde, se reconoció al hombre andino como ser humano, pero la democracia no colma las aspiraciones de los indígenas. El Estado moderno no representa sus intereses. Pero, más allá del indigenismo no ha habido una alternativa para construir un Estado más próximo a los intereses del hombre del ande.
                                             Establecer el tipo de Estado que corresponde a nuestra historia quizás implicará incorporar estructuras en las que se respeten las costumbres y tradiciones y sobre todo las instituciones andinas. Un Estado mixto, pero en esencia profundamente democrático y participativo, significa un Estado que fomente en todas las áreas, no sólo los elementos de la democracia formal (el derecho a elegir y ser elegido, la existencia de partidos políticos, la necesidad de una Constitución que regule las funciones de las instituciones públicas y el reconocimiento de los Derechos Humanos) sino que también esté abierto al pluralismo político. Sin embargo el pueblo peruano no ha participativo en las instituciones del poder. Para ello es necesario incorporar el referendum popular en la formación de las leyes y la revocación de las autoridades antes de que estas terminen su período. El voto popular y el rendimiento de cuentas permiten un Estado participativo.
                                           Dentro del sistema andino existe una institución llamada Camachico, que es una asamblea conformada por los miembros del Ayllu, donde participan hombres y mujeres para elegir al Curaca, quien consulta sus decisiones con los propios miembros. Esta práctica tiene mucha similitud con las Cuaves de Villa El Salvador, que no son otra cosa que experiencias de Democracia Directa usados por el pueblo para solucionar sus problemas.
CUAVES: Comunidad Urbana Autogestionaria de Villa el Salvador.
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                                            Hay que buscar la combinación de la democracia universal con las prácticas creadas por el pueblo. Es necesario construir un Estado pluriétnico y pluricultural. Ello supone una reestructuración profunda, conforme se consolida la democracia, en donde se creen condiciones para lograr una sociedad más justa. Que haya una mejor repartición de la riqueza y el poder, que las personas participen a través de instituciones y que se den consultas populares; Cabildos Abiertos para que el vecino tenga mayor participación y también el derecho a la revocatoria, que le permitirá fiscalizar a sus autoridades.
Cabildo Abierto: Institución colonial de consulta popular.
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                                          En el mundo actual, en general, hay una tendencia hacia la democracia, como viene sucediendo en Europa del este y con mayor fuerza en Europa central. En América Latina, las democracias medio que se tambalean, pero se mantienen. Entonces hay una tendencia que cuenta con el "cinismo" de Estados Unidos, ya que ahora los demócratas piden para América Latina regímenes democráticos que respeten los Derechos Humanos.
                                          Respeto a la economía, la tendencia gira en torno al Neoliberalismo, modelo en el que según los analistas, siempre habrá 5% de la población que no logre beneficios. Esto en países desarrollados. Ahora en naciones subdesarrolladas como la muestra, el neoliberalismo resulta peligroso, pues las políticas del shock han aumentado en 75% el número de pobres. En el país hay cerca de 4 millones de peruanos en situación de extrema pobreza. Mucho se habla de que debería haber programas de asistencia social que contrarresten el shock. Pero, el problema de fondo es buscar un modelo económico menos dañino para las mayorías. Algunos creen en la economía social de mercado, quizá sería mejor, porque el Estado interviene y planifica, sobre la base de la concertación con los sectores productivos y trabajadores.
                                          Creo que en momentos de crisis es cuando con mayor fuerza se debe de invertir. En los momentos más duros los alemanes y japoneses, como lo quieren hacer ahora los rusos, invirtieron en sus países y así lograron modernizarse. Hay que romper con las viejas tradiciones y costumbres. Las élites sociales y políticas no tienen una visión clara, a diferencia de los uruguayos y chilenos, de nacionalidad. Las condiciones de desarrollo debemos darlas nosotros mismos.


Publicado en:
La revista APERTURA
febrero de 1993