martes, 30 de enero de 2018

ESTADO, SOCIEDAD Y MERCADO

Por: Ernesto VELIT GRANDA

                                   El derrumbe imprevista de modelos conceptuales del pensamiento, que alguna vez fueron principios y paradigmas, así como la quiebra de los socialismos estatizantes, con la aparición beatificada de un liberalismo, hasta hoy no suficientemente conocido en su total y exacta dimensión, han llevado a la necesidad de definir nuevas identidades donde ubicar las también nuevas propuestas ideológicas, que en lo central ha resultado establecer las actuales relaciones entre individuos y sociedad, así como entre el papel del Estado y el mercado en la conformación de un sistema económico y social diferente.
                                     No son pocos los pensadores liberales que reconocen que si bien "el mercado es eficiente, este no genera automáticamente beneficios sociales a la comunidad ni asegura equidad en la distribución. De allí, la necesidad imperiosa de un Estado que garantice los aspectos sociales y una profundad solidaridad como expresión de responsabilidad comunitaria frente a la pobreza y la marginalidad".
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                                           Se trata en resumen, de contribuir al mejoramiento de la vida democrática, planteado como empeño y compromiso de la ciudadanía en general con su gobierno a la cabeza. Ello es lo que caracteriza a un Estado de Derecho, que asume como propósito esencial garantizar el ejercicio de las libertades individuales y propiciar que éstas representen un aporte a un proyecto colectivo.
                                              En el proceso de renovación del país, en el que se encuentra empeñado nuestro gobierno, buscando superar taras de un antiguo orden, debemos tratar  de preservar al Estado de algunas perversidades que a menudo muestra el liberalismo y que pueden llevarlo a abdicar de obligaciones de un régimen democrático. Crecimiento, pero con justicia social y desarrollo sin dependencia. Por todo esto, en artículo reciente, lamentábamos que el hábito esclarecedor y aportante del debate público se esté perdiendo lenta y progresivamente. Nunca más necesario que ahora, en que se hace imprescindible confrontar las visiones dinámicas y estatistas de la sociedad y la política, a través de maneras civilizadas y eficaces de conciliar puntos de vista buscando fórmulas consensos. Así nos opondremos a la vigencia de la cultura de la intransigencia y de la desconfianza, que propicia autoritarismos incompatibles con la dignidad de la persona.
                                              A través de esta confrontación de ideas ayudaremos a que la razón se vaya imponiendo, aunque sea penosamente, a que ella se apoye en la voluntad y a que sus derechos se expresen a través del poder que se ejerce de manera representativa en la palabra del voto universal. Conseguiremos, de esta manera, que las instituciones del Estado además de flexibles, reconozcan diversas situaciones de conciencia social y política que es la que permite la perdurabilidad de los sistemas. Que si el liberalismo ha surgido, inevitablemente, sea más que una ideología que como un régimen económico. Que sea un verdadero "liberalismo para la democracia" y busque las potestades del conjunto más que los privilegios del individuo, mediante actos consensuales que manifiesten una actitud plural e igualitaria.
                                              La crisis de los paradigmas, la crisis de los modelos de pensamiento y análisis de soluciones reconocidos mundialmente, son objetos de profundas revisiones en la actualidad. Principalmente, frente a la paradoja que representa el que el avance impresionante del conocimiento y de la ciencia, se acompañe con un mundo social que se debate al borde del abismo tratando de salvar lo poco que queda de valores y de virtudes.
                                         Consecuencia de todo esto, es que la cuestión de las relaciones del Estado y el Mercado, sea motivo de interpretaciones contradictorias provocadas por las transformaciones en lo social y económico. Fundamentalmente, en lo que significa el funcionamiento del mercado y el desarrollo de la Democracia, que es donde está el talón de Aquiles de los entusiastas del Liberalismo.
                                          Es necesario, frente a las realidades de la hora presente, tanto corregir los excesos y desviaciones del estatismo, como evitar las desviaciones del mercado. No se trata del falso dilema de escoger entre Estado y Mercado, ya que cada uno tiene una función insustituible que cumplir. La política es una forma de actuar, pero sobre todo es una forma de ser. Y si la Democracia es el camino para alcanzar libertad y justicia, el estado es su instrumento.

EL COMERCIO
Sección A (Editorial)
09 de julio de 1996  



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